A raíz del terremoto ocurrido en Haití el pasado 12 de Enero, han surgido diversas propuestas con la intención de encaminar a dicha nación hacia la vía de un desarrollo sostenible y duradero, pero si estas no se encuentran acompañadas de políticas públicas que incrementen los niveles de transparencia y de compromiso del propio gobierno Haitiano en ejecutar medidas orientadas al fortalecimiento de sus instituciones, la ayuda internacional que se proporcione nunca podrá cumplir su cometido.
Algunos le apuestan al impulso de un plan de reconstrucción tipo “Plan Marshall”, como el desarrollado por los Estados Unidos durante 1948-52 para la reconstrucción de Europa, la cual quedó devastada después de la segunda guerra mundial, y que permita el levantamiento de nuevas infraestructuras como puentes, calles, carreteras, escuelas y viviendas en el pueblo Haitiano.
Otras iniciativas optan por la eliminación de la deuda externa de Haití, la creación de un “fondo especial” para que los pagos de deuda externa de los países del Caribe sean canalizados como ayuda hacia el pueblo haitiano—idea sugerida por el Presidente Leonel Fernández en días pasados—y la expansión de programas de ayuda por parte de la comunidad internacional, orientados a mitigar el hambre y la pobreza.
Esto por si mismo es significativo pues Haití necesita la ayuda y los recursos de la comunidad internacional para salir adelante; y los necesita urgentemente. Sin embargo, dependerá de la forma en que esta ayuda se provea para determinar si este demolido país logrará levantarse y transitar el camino al desarrollo junto con otras naciones del continente o por el contrario, terminarían por agravar aún mas los problemas que han mantenido el pueblo haitiano en la pobreza extrema durante las últimas décadas.
Digamos para ejemplificar que es como si recibiéramos una llamada que nos informa que nuestro mejor amigo, que no tiene empleo y vive prácticamente en la calle, ha sido hospitalizado debido a una extrema cirrosis hepática, la cual es fruto de su alcoholismo. Sin duda alguna le tenderemos la mano y de inmediato iremos en su ayuda, pero dependerá de como le demos esta para saber si cortamos de raíz el mal o sólo contribuimos con un simple paliativo. ¿Que hacer entonces para este compañero en desgracia encuentre la cura a sus problemas? Le podríamos saldar la factura hospitalaria y liberarlo de esa carga financiera para que sea atendido adecuadamente por los doctores y lo den de alta con buenos resultados. No obstante, dicha “solución” no elimina su problema fundamental: el alcoholismo. Nuestro amigo seguirá siendo el mismo alcohólico que era el día antes de ser hospitalizado, y lo seguirá siendo el día después de salir del nosocomio, a menos que también incentives un cambio en su conducta. De no ser así, prepararte para recibir la próxima factura hospitalaria.
Haití ha sido la nación más pobre del hemisferio occidental, y una de las más pobres del mundo. En Haití, por ejemplo, el 80% de sus habitantes viven en pobreza con ingresos de menos de dos dólares al día y un 56% de los mismos son considerados indigentes o no logran satisfacer necesidades mínimas alimentarias.
Las principales razones por la cual Haití presenta tan elevados índices de pobreza se debe a que dicho país ha vivido durante décadas entre dictaduras e inestabilidad política, una carencia total de protección a los derechos y bienes ciudadanos, la virtual inexistencia de instituciones fuertes, altos niveles de corrupción, y unos gobiernos nacidos de un proceso democrático que no han podido satisfacer a niveles básicos las principales necesidades de sus ciudadanos. Lamentablemente, sería difícil admitir que esta situación habría de cambiar en Haití después del desastre natural.
Se ha propuesto encaminar el pueblo Haitiano hacia el desarrollo mediante la elaboración de un fondo de reconstrucción, estimado entre US$10,000 y US$15,000 millones de dólares, orientado al levantamiento de nueva infraestructura: calles, puentes, carreteras, y viviendas. Dicho plan de reconstrucción, señaló el ministro de Asuntos Exteriores de Canadá, Lawrence Cannon, deberá responder a las “aspiraciones” del pueblo Haitiano, y su objetivo principal consiste en desarrollar la infraestructura básica y necesaria para que Haití pueda atraer inversiones locales y extranjeras que generen empleos. Esta intención política es alentadora, pero su efectividad será mayor si viene acompañada de un fortalecimiento del marco institucional y de derechos de propiedad de la nación Caribeña.
Durante la década de los noventa –quizás la más ilustre para América Latina en términos de crecimiento económico—,el ingreso per cápita de Haití decreció en un 1.6%, mientras que en América Latina y el Caribe se registró un crecimiento promedio de 1.2%, en el mismo periodo. Esta diferencia en el crecimiento per cápita promedio entre Haití y el resto de países de la región ha continuado acentuándose durante los últimos diez años, ya que el ingreso per cápita promedio de la nación Haitiana declinó un 0.9%, mientras que para el resto de América Latina y el Caribe esta cifra aumentó en un promedio de 1.7%, durante la década iniciada en el año 2000.
El pobre desempeño del ingreso per cápita del pueblo Haitiano se fundamenta en que esta nación basa su economía productiva en un rudimentario sector agrícola, y en el empleo de mano de obra barata que realizan las industrias de zonas francas y textiles (maquiladoras), las cuales producen bienes que no generan mucho valor agregado. Además, ambas industrias han sido significativamente afectadas por la alta competencia internacional proveniente de otros países, que poseen una mano de obra barata y mucho más productiva.
Haití no cuenta con un sector industrial que invierta sostenidamente en proyectos de capital a largo plazo que incluyan el uso intensivo de maquinarias y equipos de tecnología, los cuales son necesarios para la generación de empleos de mediano y altos ingresos. El alto nivel de inflación observado en la economía haitiana (15.1%), más de el doble del promedio observado en la región, durante los últimos 10 años, incrementa significativamente el costo de financiamiento del capital y reduce los niveles de inversión. Por esto, el fortalecimiento de instituciones que fomenten el uso adecuado de las finanzas públicas y promuevan la estabilidad macroeconómica es esencial para atraer inversionistas extranjeros. De no cumplir con estos objetivos, el solo hecho de construir calles y carreteras, entre otras infraestructuras, no será suficiente para que inversionistas decidan tomar el riesgo de colocar capitales e inversión de largo plazo en el país vecino.
Aún así, si existiesen inversionistas dispuestos a realizar proyectos de capital de largo plazo, Haití enfrenta el problema de que cuenta con una mano de obra técnica muy poco calificada. En Haití se estima que tan solo un 63% de sus estudiantes termina al educación primaria, y apenas un 53% de su población se encuentra alfabetizada. Lamentablemente, la destrucción de escuelas y planteles educacionales a causa del terremoto tenderá a agravar dicha situación en los próximos años. Es por esto que dentro de los planes de reconstrucción se deberá incluir partidas significativas orientadas a la mejora de la infraestructura escolar, pero la sola reconstrucción de escuelas y universidades, no será suficiente para incrementar el nivel de calidad de la mano de obra Haitiana.
Por ejemplo, antes del terremoto, las estadísticas indicaban que aproximadamente un 80% de los Haitianos con niveles educativos elevados han emigrado hacia el exterior, generando el fenómeno conocido como ''fuga de cerebros''. Este fenómeno, que es común en países en vías de desarrollo, es el producto de la falta de oportunidades que tiene la mano de obra especializada para ascender económicamente en base a sus capacidades. Esta falta de oportunidades es la causa de que unos dos millones de haitianos emigraran en busca de una mejor calidad de vida. La principal muestra del deseo de trabajo y superación del emigrante haitiano se evidencia en que los mismos aportan anualmente en remesas unos dos mil millones de dólares, o el equivalente al 30% del Producto Interno Bruto (PIB).
En países donde los gobiernos juegan un rol determinante en la actividad económica, y que además se caracterizan por altos niveles de corrupción, la superación individual no esta dada por el nivel de formación y competencia de los individuos sino, más bien, por el nivel de acceso a favores gubernamentales. Es decir, cuando el gobierno desplaza significativamente el sector privado de la actividad económica, y las instituciones públicas se caracterizan por elevados niveles de corrupción, el ascenso económico viene dado por la facilidad de acceso a contratas gubernamentales y el uso de sobornos para contar con favores políticos.
Bajo este esquema, el rendimiento de la inversión en educación y actividades productivas que realiza un individuo se reduce considerablemente con respecto al rendimiento obtenido por emplear su tiempo en actividades no productivas, como es el caso de obtener favores políticos. La corrupción gubernamental y la adquisición de canonjías públicas sobrevaloradas no es una actividad que genera riquezas, sino que las redistribuye, ya que la misma se fundamente en la transferencia de recursos—por medio de impuestos—desde el sector productivo, hacia los individuos que adquieren el beneficio o favores del estado.
El problema de la corrupción en Haití es mayúsculo. Acorde a un informe emitido por Transparencia Internacional, de un listado de 180 países, Haití aparece como uno de los países más corruptos del mundo ocupando la posición número 168, en el año 2009. Por esto, aunque la reconstrucción de nuevos planteles educacionales es determinante para la generación de una mano de obra especializada que permita elevar los ingresos del pueblo Haitiano, dicha política no tendrá los efectos de promover el desarrollo si la mano de obra calificada haitiana sigue emigrando al exterior por la falta de oportunidades. Por esto, es necesario que la inversión en educación venga acompañada del establecimiento de una serie de objetivos que tiendan a incrementar el nivel de transparencia y disminuir el nivel de corrupción en el gobierno.
Otra de las propuestas sugeridas y retomada ya para ayudar al levantamiento del pueblo Haitiano es la eliminación de su deuda externa, con la finalidad de que el gobierno pueda disponer de mayores recursos para la realización de obras sociales e incremente el nivel de inversión en capital humano. Esto produjo que en días recientes el Club de París decidiera condonar unos US$5.7 millones de dólares de deuda, a petición del gobierno Francés.
Esto no sería novedoso al cien por cierto pues ha de señalarse que en Junio de 2009, gracias a la iniciativa de alivio de deuda para países empobrecidos altamente endeudados—conocida como HIPC por sus siglas en inglés—, Haití fue beneficiado con una cancelación de deuda de unos US$638 millones de dólares, reduciendo su deuda hasta el nivel de US$1,250 millones, la cual, en más de un 50% esta repartida entre el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Además, durante el periodo comprendido entre 2004 al 2007, Haití recibió desembolsos de ayuda externa por un total de US$1,600 millones de dólares provenientes mayormente de Estados Unidos, Canadá y Francia. Esta ayuda financiera tampoco incluye los aportes de ayuda humanitaria que Haití recibe de Brasil, México, Argentina, Chine, Reino Unido, entre otras naciones amigas.
Algunos autores han señalado que la iniciativa de condonación de deuda a países dentro de la categoría HIPC ha sido un fracaso debido a la falta de establecimiento de compromisos y objetivos de desarrollos claros por parte de las naciones recipientes—véase Easterly (2002)—. La evidencia ha demostrado que las naciones más beneficiadas con políticas de ayuda y condonación de deuda siempre han respondido adquiriendo mayores endeudamientos con nuevos prestamistas internacionales.
Esto se debe a que los países clasificados dentro de la iniciativa HIPC han tenido históricamente una tendencia a hipotecar el bienestar de las futuras generaciones mediante el incremento del consumo de la generación actual, ya que estas últimas son las que importan para mantener a los actuales burócratas dentro del Estado. Por esto, no creemos que la política de condonación de deuda hacia Haití obtenga los resultados deseados si la misma no viene acompañada de un compromiso de ejecutar políticas públicas que promuevan la inversión en capital humano que vaya en provecho de las futuras generaciones, y además de la no adquisición de nueva deuda para financiar gastos en consumo del gobierno, los cuales producen rendimientos nulos o muy bajos. Todo esto, nuevamente, se consigue a través del incremento de la transparencia y el fortalecimiento institucional de la nación Haitiana.
En lo que respecta a la construcción de vivienda y que parece significar la mayor prioridad a corto y mediano plazo tras las obvias necesidades surgidas por el terremoto también se prevé todo un plan que se expresará en iniciativas, programas y acciones mediante la identificación de costos y estableciendo de fuentes de financiación y el apoyo de la comunidad internacional.
La política de construcción de viviendas solo tendrá un efecto positivo en los hogares haitianos si dicha nación fortalece el marco de protección de la propiedad privada. Cuando los individuos poseen activos, y los mismos están avalados y protegidos legalmente, esto le facilita el acceso al crédito, la inversión, y la generación de riquezas.
De nada servirá que Haití decida construir viviendas bajo el esquema actual donde a los individuos se les impide realizar actividades de comercio emprendedoras debido a que no pueden transar sus activos. Esto sin mencionar que es necesaria una política de diseño urbanístico que permita el crecimiento de las nuevas ciudades de forma regulada para que de esa forma se pueda proteger el valor de dichos activos.
Por todo lo anterior, no ha de desdeñarse ninguna, absolutamente ninguna ayuda al pueble haitiano porque la necesita urgentemente, pero el desorden y el anarquismo deberá darle paso al compromiso real de esa nación de cumplir con metas de transparencia y del fortalecimiento de sus instituciones.
No hay otro camino posible para que este país algún día pueda ser otro.
Fuentes:
1. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2009). ¨Anuario estadístico de América Latina y el Caribe, 2009. Enero, 2010. (link).
2. Easterly, W. (2002). ¨The Elusive Quest for Growth: Economist´s Adventures and Misadventures in the Tropics.¨ The MIT Press, August 8, 2002.
4. Transparency International (2009). ¨Corruption perceptions Index 2009.¨(link).
Fuentes:
1. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2009). ¨Anuario estadístico de América Latina y el Caribe, 2009. Enero, 2010. (link).
2. Easterly, W. (2002). ¨The Elusive Quest for Growth: Economist´s Adventures and Misadventures in the Tropics.¨ The MIT Press, August 8, 2002.
3. Pichardo, E. (2009). ¨Acentuada precariedad.¨ Publicado para el Periodico Hoy, 23 Enero de 2010.
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